Arequipa: la ciudad blanca de los Andes
Construida casi enteramente en sillar, una piedra volcánica blanca extraída de los volcanes circundantes, Arequipa debe a este material el apodo de 'ciudad blanca' y un centro histórico patrimonio UNESCO.
El centro se visita cómodamente a pie; el volcán Misti sigue siendo visible desde casi cualquier rincón de la ciudad.
El día comienza casi en una ciudad dentro de una ciudad: el Monasterio de Santa Catalina ocupa más de dos hectáreas de callejuelas coloridas, celdas monásticas y patios internos donde las monjas dominicanas vivieron aisladas del mundo durante siglos.
A solo una pocas cuadras de distancia, la Catedral que domina la Plaza de Armas ha sido reconstruida varias veces después de terremotos y erupciones, enmarcada por pórticos de piedra sillar blanca con el volcán Misti sirviendo como telón de fondo constante.
Justo en la plaza, el Museo Santuarios Andinos alberga la momia conocida como Juanita: una joven mujer inca sacrificada en gran altitud hace quinientos años y restituida perfectamente conservada por el hielo del volcán Ampato solo en 1995.
Para cerrar la ruta, el barrio de San Lázaro, el más antiguo de la ciudad, anterior a la fundación oficial española de 1540, hoy animado por cafés y pequeñas galerías en sus calles estrechas.
De vez en cuando, por la noche, un temblor sacude los muros blancos del centro histórico: nadie en Arequipa parece importarle demasiado, como si convivir con sus propios volcanes formara parte del hábito cotidiano pasado de generación en generación.
La piedra sillar blanca con la que está construida gran parte del centro histórico absorbe el calor del día andino y permanece tibia al tacto durante horas después de la puesta de sol, cuando el aire ya es frío.
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