Brasilia: la capital diseñada por Niemeyer
Construida de la nada en apenas cuarenta y un meses e inaugurada en 1960, Brasilia sigue siendo la única ciudad del siglo XX que es completamente patrimonio de la UNESCO, gracias al plan urbanístico de Lúcio Costa y los edificios diseñados por Oscar Niemeyer.
La ciudad, diseñada para automóviles, requiere un auto o taxi para conectar sus principales monumentos, que están muy separados entre sí.
La Catedral de Brasilia, una estructura circular formada por dieciséis columnas de hormigón curvadas que se abren hacia el cielo, alberga un techo completamente de vidrio que inunda la nave de abajo con luz natural.
El Congreso Nacional, con sus torres gemelas flanqueadas por una cúpula invertida y una cúpula en forma de copa, representa visualmente las dos cámaras parlamentarias de Brasil a través de la forma misma de los edificios.
La Praça dos Três Poderes, corazón simbólico de la capital, une en el mismo espacio abierto las sedes del poder ejecutivo, legislativo y judicial, siguiendo el plan original de Costa que separaba rigurosamente las funciones urbanas.
El Palacio Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, parece flotar ópticamente sobre una cuenca de agua artificial, con jardines interiores diseñados por el paisajista Roberto Burle Marx.
Muy pocas capitales en el mundo han sido planificadas desde la tabla de dibujo con tanta coherencia, desde la forma de los ministerios hasta la distancia exacta entre un poder del estado y otro.
El Palacio de Itamaraty, aparentemente suspendido sobre el agua, quizás ilustre mejor cómo ese plan original apuntaba a hacer visible, no meramente funcional, cada elección política de la nueva capital.
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